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"Del azahar era el valle" poesía de Aurora Gámez Enríquez

Por Mª Ángeles Rodríguez Marmolejo

Como de un manantial de luz y azahares brota la poesía de Aurora. Ya su propio nombre nos sugiere luminosidad y asombro. Su poesía llega hasta nosotros como un regalo. Los que la conocemos sabemos que ella está presente en cada palabra ("amiga", "brisa", "inmensidad", ...) Y en cada verso ("afluente de vida/limpia y serena", "esencia delicada/ presencia clara", ...) Y que su mundo lo pueblan recuerdos del ayer, aromas y colores en un continuo fluir de sensaciones mágicas.
Este libro, "Del Azahar era el Valle", nos emociona tanto por su contenido, al recuperar lugares típicos de Coín que perviven desafiantes al paso del tiempo y que son testigos de la historia de nuestro pueblo o al homenajear a familiares queridos suyos que seguirán siempre vivos en su memoria o al perfumarnos con los aromas de las flores tan conocidas en nuestra zona como el jazmín, los chirinos,...; como por la forma en que nos llega su poesía, en versos cortos, en los que utiliza la métrica o el verso libre, y en los que se condensa la esencia de sus sentimientos en una, dos o tres palabras tan sólo.
Su tono, a veces nostálgico ("nadie le llora, madre", "soñemos que tú estás" y otros esperanzador ("que el pueblo entero cante", "rebosarán fronteras del silencio") nos acerca a nuestro propio corazón, porque cada uno de nosotros también tenemos personajes de nuestra historia que ya no están y esos mismos lugares que cita Aurora también han sido testigos de nuestros primeros pasos, como el parque de San Agustín, el Albaicín o el río Nacimiento.
Todo un mundo que para nada nos es ajeno, sino tan cercano y tan rebosante de vida que no podemos hacer otra cosa que agradecerle a Aurora su obra y que haya elegido la poesía como el mejor de los géneros literarios que expresa el sentir humano.
Gracias por detener tu mirada en este Valle del Azahar, que como tú defines en el poema que introduce tu obra es fuente de luz, de saberes, color, aromas, vergeles, pasión.
Ahora quiero dedicarte estos versos que recorren como un susurro cada rincón de esta tierra, reclamando quizás este (otro) nombre:

De esperanzas renovadas nos llenas,
Aurora, con tu palabra que
era, es y será la luz de nuestra memoria;
el aire se perfuma con tus sueños y el
Valle con el azahar de tu esencia de mujer.

 



Música y sentimientos en la lírica de Aurora Gámez
Por F. Morales Lomas


La música ha sido siempre la esencia de la poesía. La poesía lo es o al menos lo ha sido durante mucho tiempo hasta que la retórica de la modernidad la ha imbuido de extraños ropajes.
De la musique avant toute chose, decía Verlaine.
Al leer la lírica bien timbrada de Aurora Gámez he sentido de pronto como si toda la lírica popular de los cancioneros medievales brotara de nuevo. Y es que en su obra permanecen aquellos ritmos que el pueblo ha ido conformando desde la oralidad, desde la pieza musical y el ritmo pegado a la tierra, las fuentes, la naturaleza... en su plena extensión.
Así se sucumbe al sonido melodioso de los heptasílabos, los pentasílabos... y, en general, al ritmo de arte menor que permite a su lírica conformar bellas composiciones rítmicas dotadas de la esencia que propaga el timbre adecuado y el ritmo de esa vena popular que tanto entusiasmaba a Antonio Machado.
Y, como diría el poeta sevillano, el pueblo en su esencia está presente en esta lírica bien timbrada. Junto a ello las adecuadas asonancias que se prestan de consuno en la conformación de los ritmos melodiosos.

Los tableros se siembran
germen del alba
con esfuerzo se perlan
súplica sana.

Si alcanzásemos madre
nivel, conciencia,
de velar el progreso
la inteligencia.

Pero también me han llegado de pronto aquellas primeras canciones de Federico García Lorca, publicadas precisamente en Málaga por Altolaguirre y Prados, y también la poesía de José María Hinojosa, en una primera etapa, aquella línea de poesía neopopular de sus primeras composiciones, que conectaba a su vez con la poesía de Lope de Vega y un campo rejuvenecido donde se acunaba la memoria y las sensaciones de antaño.
Existe toda una tradición que Aurora Gámez trata de conservar en estos versos donde el ritmo y la melodía poseen un papel determinante. Una línea que alcanza el misterio y puede deambular en la singladura de los ríos, los rincones perdidos, la rememoración familiar, las fiestas populares o los espacios y emociones que han conformado toda una vida.

De roca en roca saltaba
la albahaca verde azul.
La hierbabuena miraba
riendo de pura luz.

De sol a sol la lavanda
perfumaba el bosque añil,
y filósofo el espliego
recitaba al viento así:

Mis penas y mis lamentos
los lleve mi amor por ti.
Es que estaba enamorado
del cantueso el alhelí.

Y siempre el azahar presidiendo el recorrido vital que nos ofrece con toda su simbología arábiga y la flor como éxtasis en una poesía también muy sensitiva que nos conecta directamente con efectos modernistas en la percepción de sensaciones. Todo ello a través de las estructuras paralelísticas y las repeticiones diversas de términos y léxico para conjugar ese ritmo que alcanza su singladura imaginaria perfecta en el agua del río que fluye.
Una recreación en la que está muy presente esa geografía de los pueblos, la templanza de todo lo observado con una mirada sensible, certera y profunda. Una lírica directa, clara, serena... donde la emoción pervive acogida en el seno de la música.

 


Enlace: www.amazonles/Del-azahar-era-el-valle





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